En 1982, varios miembros del régimen castrista comunista cubano fueron sentenciados en Estados Unidos acusados de narcotráfico desde México.
En 1983, Arturo Durazo Moreno fue apresado por el gobierno, esto como parte de promesas de campaña del nuevo presidente en el que cambiaría al país erradicando la corrupción.
Las confrontaciones entre cárteles rivales empezaron después del arresto de Miguel Ángel en 1989, quien controlaba el negocio de la cocaína en México.
Desde 1987, informaciones de inteligencia de la CIA de Estados Unidos tenía sospechas de que el candidato presidencial por el PRI, tenía vínculos con narcotraficantes, en particular con el Cártel del Golfo.
Existen rutas que son trazadas para llegar a los sitios de distribución y destino final. En las décadas de 1980 y 1990 fue evidente el liderazgo desafortunado de Colombia en la producción de cocaína, misma que los campesinos cuidaban y procesaban. Ésta pasaba por México entrando por diferentes sitios, como Cancún, Guerrero, o el Caribe.
Históricamente, los cárteles colombianos han dominado el tráfico de drogas. Durante la década de 1980 y principios de 1990, el narcotraficante colombiano Pablo Escobar fue el mayor exportador de drogas del mundo, debido principalmente a las alianzas que formó con otras organizaciones criminales alrededor del mundo. Cuando los esfuerzos por detener el tráfico de drogas en el Sur de Florida y en el Caribe dieron resultados, las organizaciones colombianas comenzaron a formar alianzas con los narcotraficantes radicados en México, con el fin de transportar cocaína hacia Estados Unidos utilizando a México como vía de contacto. Ya para mediados de la década de 1980, las organizaciones radicadas en México habían conseguido suficiente confiabilidad y desarrollo para el tráfico de drogas procedente de Colombia.
Inicialmente, las pandillas mexicanas recibían pagos en efectivo por los servicios de transporte de drogas, pero a finales de la década de 1990, las organizaciones de transporte mexicanas y los traficantes de drogas colombianos comenzaron a acordar la paga de sus servicios mediante pagos en droga. Generalmente se acordaba pagar a los traficantes mexicanos porcentajes que variaban entre un 35 y un 50 % de cada envío de cocaína.
México, además de ser uno de los principales países de tránsito de drogas, es también el mayor productor de marihuana y uno de los principales proveedores de metanfetaminas a Estados Unidos. También es uno de los principales productores de heroína del mundo, la cual se distribuye principalmente en Estados Unidos. Los cárteles de drogas mexicanos controlan aproximadamente un 70 % de el tráfico de drogas que entra de manera ilegal a Estados Unidos.
sábado, 20 de febrero de 2016
martes, 2 de febrero de 2016
Historia VI: 1950-1970
Durante el gobierno del presidente mexicano Miguel Alemán, nació la desaparecida Dirección Federal de Seguridad que se encargó del espionaje político, principalmente, contra comunistas mexicanos y enemigos del régimen del PRI (El Partido Revolucionario Institucional) así como el combate contra el narcotráfico, sin embargo, más adelante se comprobó que altos mandos se involucraron en el narco e incluso lo permitieron.
En la década de los 60, había señales del gobierno de Estados Unidos sobre México de permitir el libre paso de diferentes drogas hacia Estados Unidos, entre ellas las más populares como la marihuana y el LSD, aunque ya había sido firmado el tratado entre estas dos naciones de la Convención Única sobre Estupefacientes con los presidentes Lyndon B. Johnson y Gustavo Díaz Ordaz. Entonces, el presidente Johnson reprochó al presidente mexicano lo que dijo: "México es el trampolín de la droga hacia Estados Unidos, cierren su alberca y se acaba el trampolín". Hacia 1970 se emprende la campaña contra la siembra y el tráfico de drogas.
Hacia 1976, en pleno régimen del partido oficial PRI, José López Portillo tomó el cargo de presidente de la república e inmediatamente enchufó a un amigo suyo, Arturo Durazo Moreno un ex-inspector de tránsito capitalino, dándole la posición jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito de la Ciudad de México, lo cual dio pie a convertir a la institución que comandaba en el símbolo de la corrupción. Se enriqueció ilícitamente por varios medios entre los que se encontraba: permitir y colaborar en el tráfico de armas y drogas, enviar a sus oficiales de policía a asaltar bancos y extorsionar a la ciudadanía capitalina para la obtención de recursos financieros para su propio beneficio, incluso construyó un Partenón suyo propio en el sur de México.
En la década de los 60, había señales del gobierno de Estados Unidos sobre México de permitir el libre paso de diferentes drogas hacia Estados Unidos, entre ellas las más populares como la marihuana y el LSD, aunque ya había sido firmado el tratado entre estas dos naciones de la Convención Única sobre Estupefacientes con los presidentes Lyndon B. Johnson y Gustavo Díaz Ordaz. Entonces, el presidente Johnson reprochó al presidente mexicano lo que dijo: "México es el trampolín de la droga hacia Estados Unidos, cierren su alberca y se acaba el trampolín". Hacia 1970 se emprende la campaña contra la siembra y el tráfico de drogas.
Hacia 1976, en pleno régimen del partido oficial PRI, José López Portillo tomó el cargo de presidente de la república e inmediatamente enchufó a un amigo suyo, Arturo Durazo Moreno un ex-inspector de tránsito capitalino, dándole la posición jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito de la Ciudad de México, lo cual dio pie a convertir a la institución que comandaba en el símbolo de la corrupción. Se enriqueció ilícitamente por varios medios entre los que se encontraba: permitir y colaborar en el tráfico de armas y drogas, enviar a sus oficiales de policía a asaltar bancos y extorsionar a la ciudadanía capitalina para la obtención de recursos financieros para su propio beneficio, incluso construyó un Partenón suyo propio en el sur de México.
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| Portada de un periódico sobre Arturo Durazo Moreno |
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